miércoles, 22 de mayo de 2013


¿Que os parece la pequeña introducción?


Esta historia sucede en el mundo contemporáneo, en una ciudad mediana de un país conocido por vosotros, en un hogar desestructurado. Una historia en la que la felicidad no es un camino, sino momentos puntuales. Una niña de 5 años, pequeña, envuelta en una serie de experiencias diversas en las que madura pronto y que tiene momentos muy duros en los que a veces no sabe cómo va a reaccionar, ni qué camino seguir, tampoco sabe que va a ser de ella. También recorre caminos como la soledad, desilusión, imaginación, esperanza, alegría, traición, desesperación… Eran finales de los años 80 a principios de los 90.

Elisa es una niña de 5 años, ojos verdes, pelo negro corto, le gustaba llevar vestidos y coletas de todo tipo, incluso ropa de muchos colores alegres, era muy coqueta. Tenía familia, toda una vida por delante para crecer, llena de ilusiones, llena de vitalidad, optimismo y con ganas de comerse el mundo. Su sueño era ser feliz, tener alguien a su lado (como no, todas deseamos casarnos y tener hijos cuando somos pequeñas), el príncipe azul perfecto que te cuide, que te mime con cariño todos los días. Como en las películas infantiles que siempre nos invitaban a un mundo imaginario inexistente, en el que todo va a ir bien, en un mundo que siempre conseguías lo que te proponías, ella pensaba que todos eran buena gente como ella.

Las únicas preocupaciones que tenía Elisa sin conocer mundo eran jugar, pasarlo bien, aprender, tener amigos… Vamos como cualquier otro niño de su edad. Pero Elisa empezó a ver la realidad bruscamente desde que tuvo conocimiento, aun así al principio era una niña que tenía algo de rebeldía, le gustaba bailar, era sociable, decía todo lo que pensaba sin pensar en las consecuencias, no paraba de hablar siempre tenía algo que decir, aunque era algo gamberra sin malicia en algunas ocasiones.

Estaba en la guardería aprendiendo la tabla del 1, no le salía, pero lo intentaba, si la clase le aburría se le hacía eterna, jugaba en el recreo con sus amigos de clase, hasta tenía varios novios de broma, la castigaban contra la pared a menudo por ser puro nervio, hacia muchas trastadas, no le gustaba ir a la guardería por eso, pero en realidad en el fondo le gustaba ir, se sentía a gusto. Ella usaba bata roja que era para chicas, los chicos llevaban bata azul.
Aquí empieza la historia de Elisa.

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